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Miércoles de fábula

Miércoles 4 de febrero

LA TORTUGA Y EL COHETE

🚀

En un rincón del universo, vivía una tortuga espacial que soñaba con volar. Todos los días miraba al cielo y suspiraba:

—¿Y si yo también pudiera despegar?

Los demás animales se reían:

—¡Eres lenta! ¡No tienes alas! ¡Qué locura!

Pero la tortuga no se rindió. Se acercó a un viejo cohete abandonado y empezó a limpiarlo, a repararlo y a aprender cómo funcionaba. Se leyó todos los manuales que existían de funcionamiento de cohetes. Día tras día, sin que nadie lo notara, trabajaba con tesón, con paciencia y fe.

Un día, el cohete rugió. La tortuga se subió, se puso el casco, se ató el cinturón, cerró los ojos y gritó:

—¡Despega!

Cuando finalmente despegó, en vez de competir, decidió usar su viaje para enviar mensajes, ayudar a investigar y compartir todo aquello que veía.

Y así, contra todo pronóstico, la tortuga voló entre estrellas, dejando atrás los pensamientos de aquellos que no creían en ella  y sus propios miedos.

REFLEXIÓN/MORALEJA:

No importa lo lento que empieces, ni lo que digan los demás. Si crees en ti y trabajas con constancia y fé… ¡despega!

PETICIÓN Y ORACIÓN FINAL: Le pedimos al Señor que nos dé alas para creer en nosotros y que nos ayude a trabajar con perseverancia para conseguir nuestros sueños. A tu amparo y protección madre de Dios acudimos, no desoigas nuestros ruegos y de todos los peligros defiende siempre a tus hijos.

Miércoles 11 de febrero

LA LÁMPARA QUE NUNCA SE APAGA

En un pequeño pueblo vivía Josué, un niño al que le encantaba explorar. Su lugar favorito era la antigua Iglesia en la colina donde había una lámpara de aceite que siempre estaba encendida, incluso en las noches más oscuras. Un día, Josué le preguntó al pastor: ¿Por qué esta lámpara nunca se apaga? 

Él le respondió: “Es la lámpara del amor de Dios”. Representa cómo su luz siempre está con nosotros'.

Josué se quedó sorprendido y el pastor le dijo: Pero hay un secreto: cada vez que alguien hace algo bueno, la lámpara brilla aún más fuerte. Curioso, Josué decidió observar si era cierto. Esa misma tarde, ayudó a su vecina a recoger leña para su chimenea. Cuando volvió a la Iglesia, notó que la lámpara brillaba con una luz mucho más cálida. '¡Es verdad, es verdad, sí brilla más!' pensó, emocionado.

 

A partir de ese día, Josué comenzó a hacer pequeñas acciones llenas de amor y bondad. Ayudaba a sus amigos explicándoles algo de clase, traía comida para el banco de alimentos, de su hucha sacaba dinero para ayudar a otros más pobres que él o compartía su almuerzo con algún compañero al que se le había olvidado en casa, por lo que la lámpara parecía brillar cada vez con más intensidad.

 

Un día, una fuerte tormenta azotó el pueblo, dejando a muchas familias sin luz ni calor. Josué corrió a la Iglesia pensando que la lámpara también se habría apagado.

Pero, para su sorpresa, brillaba más fuerte que nunca. El pastor le dijo: 'Josué, la luz de la lámpara no sólo está aquí; está en cada corazón donde se siembra el amor de Dios. Tú has llevado esa luz a muchos, y por eso no se apaga'. 

Josué supo que la lámpara era un símbolo del amor de Dios que vive en cada acto de bondad. Desde ese día, comprendió que cuando actuamos con fe y con amor, somos parte de la luz divina, somos luz para otros.

Reflexión 

En la Biblia, Jesús dijo una vez: "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12). Él es como esa lámpara que nunca se apaga, incluso en las tormentas más fuertes de la vida. Él es la fuente de todo el amor y la bondad. Sin embargo, Jesús también nos dio una misión muy especial. Él nos dijo: "Vosotros sois la luz del mundo". Esto significa que, cuando tú ayudas a alguien, cuando perdonas a un amigo o cuando compartes lo que tienes, te conviertes en un pequeño espejo. No es que nosotros tengamos luz propia, sino que reflejamos la luz de Jesús hacia los demás. Al igual que Josué, tú tienes el poder de hacer que el mundo sea menos oscuro.

Oración

Jesús, gracias por ser la luz que nunca se apaga y por amarme tanto. Te pido que me ayudes a ser como esa lámpara de la Iglesia. Que mis acciones muestren a los demás lo bueno que eres tú. Quiero brillar contigo, quiero ser portador de tu luz.

Miércoles 18 de febrero

FÁBULA DE LA HORMIGA Y DE LA PALOMA

Una hormiga caminaba bajo el sol con un pedacito de hoja sobre su espalda cuando empezó a sentir mucha sed. Entonces, fue hasta la orilla de un río, dejó la carga a un costado y se dispuso a beber. Pero, apenas dio el primer sorbo, cayó al agua y fue arrastrada por la corriente.

― ¡Socorro, auxilio! ― gritaba, mientras movía las patitas intentando no hundirse. 

Una paloma que pasaba por allí vio lo que ocurría y sin perder un segundo, cortó una ramita de un árbol, calculó la distancia y se la arrojó a la hormiga. 

― ¡Rápido, súbete! ― exclamó. 

De inmediato, la hormiga trepó a la rama y poco después saltó a tierra. 

― ¡Muchas gracias! ― le dijo a la paloma.

 ― De nada. Para eso estamos― contestó el ave. 

Y se fue dando saltitos en busca de alguna miguita, un trozo de fruta, unas semillas…

Entonces, el caño de una escopeta asomó entre los árboles. El cazador apuntó hacia la paloma, que picoteaba algo en el pasto. Pero justo cuando iba a disparar, sintió un pinchazo en el talón. ¡¡¡AYY!!!, gritó el cazador. ¡PUMM!, sonó la escopeta. El pinchazo había hecho que el hombre desviara el arma y la bala fue a dar contra una piedra. 

― Pero, ¿qué ha pasado? ― protestaba el hombre, rascándose el talón y se alejó de allí, refunfuñando. 

La paloma, que se había pegado un buen susto al escuchar el disparo, se acercó hasta donde estaba la hormiga. 

― Fuiste tú, ¿no?... ¡Muchas gracias! ― dijo la paloma.

― ¡De nada, para eso estamos! ― respondió la hormiga, guiñandole un ojo.

Reflexión

La paloma no dudó en ayudar a quien lo necesitaba, y la hormiga, a pesar de ser pequeña, devolvió el favor con valentía. Así vemos que en el Reino de Dios nadie es demasiado pequeño o insignificante para servir al prójimo. Jesús nos invita a tener los ojos abiertos para ver las necesidades de los demás y  actuar con misericordia.

Oración

Jesús te pido que me des un corazón atento como el de la paloma para ver a quien necesita mi ayuda y tenderle la mano sin dudar. Dame también la valentía de la hormiga, para que nunca me sienta demasiado pequeño para servirte. Enséñame a ser agradecido y a tratar a los demás con el mismo amor que tú me das a mí. A tu amparo...

MAdre Paula Ventana.jpg

Miércoles 25 de febrero

LA JARDINERA DE TIERRAS SECAS

En un tiempo donde solo se enseñaba a los que ya tenían jardines vallados, una joven llamada Paula decidió caminar hacia las tierras más secas y olvidadas del pueblo. Cargaba con un saco de semillas y un cántaro que nunca parecía vaciarse.

Muchos se reían de ella: "¿Por qué pierdes el tiempo ahí? Esas niñas no saben lo que es una flor, y la tierra es demasiado dura para que algo crezca".

Paula, sin perder la sonrisa, se arrodilló y empezó a limpiar de piedras el camino de las jóvenes trabajadoras. No solo les daba agua; les enseñaba a cavar sus propios pozos. Un día, una de las chicas le preguntó: "¿Por qué lo haces?".

Paula respondió: "Porque una semilla sin educación es como un tesoro enterrado que nadie puede usar. Yo no solo planto flores; os enseño a ser vuestras propias jardineras".

Pronto, aquel "desierto" se llenó de vida, y las mujeres que antes bajaban la cabeza, ahora caminaban seguras, sabiendo que su inteligencia y su fe eran el jardín más hermoso de la ciudad.

Reflexión 

A veces pensamos que estudiar es solo "rellenar la cabeza" de datos. Santa Paula Montal nos enseña que educar es liberar. Ella vio talento donde otros solo veían pobreza.

Hoy, pregúntate:

  • ¿Aprovecho las herramientas que me dan mis profesores para ser "mi propio jardinero"?

  • ¿Ayudo a otros a descubrir sus talentos o solo me preocupo por mi propio jardín?

 

Oración

Señor, danos el coraje de Madre Paula para no rendirnos ante las dificultades. Ayúdanos a valorar la oportunidad de aprender y a ser constantes en nuestro trabajo. Que sepamos ver la luz en los demás y seamos constructores de una sociedad más justa.

Santa Paula Montal, ruega por nosotros.

Miércoles 18 de febrero

FÁBULA DE LA HORMIGA Y DE LA PALOMA

Una hormiga caminaba bajo el sol con un pedacito de hoja sobre su espalda cuando empezó a sentir mucha sed. Entonces, fue hasta la orilla de un río, dejó la carga a un costado y se dispuso a beber. Pero, apenas dio el primer sorbo, cayó al agua y fue arrastrada por la corriente.

― ¡Socorro, auxilio! ― gritaba, mientras movía las patitas intentando no hundirse. 

Una paloma que pasaba por allí vio lo que ocurría y sin perder un segundo, cortó una ramita de un árbol, calculó la distancia y se la arrojó a la hormiga. 

― ¡Rápido, súbete! ― exclamó. 

De inmediato, la hormiga trepó a la rama y poco después saltó a tierra. 

― ¡Muchas gracias! ― le dijo a la paloma.

 ― De nada. Para eso estamos― contestó el ave. 

Y se fue dando saltitos en busca de alguna miguita, un trozo de fruta, unas semillas…

Entonces, el caño de una escopeta asomó entre los árboles. El cazador apuntó hacia la paloma, que picoteaba algo en el pasto. Pero justo cuando iba a disparar, sintió un pinchazo en el talón. ¡¡¡AYY!!!, gritó el cazador. ¡PUMM!, sonó la escopeta. El pinchazo había hecho que el hombre desviara el arma y la bala fue a dar contra una piedra. 

― Pero, ¿qué ha pasado? ― protestaba el hombre, rascándose el talón y se alejó de allí, refunfuñando. 

La paloma, que se había pegado un buen susto al escuchar el disparo, se acercó hasta donde estaba la hormiga. 

― Fuiste tú, ¿no?... ¡Muchas gracias! ― dijo la paloma.

― ¡De nada, para eso estamos! ― respondió la hormiga, guiñandole un ojo.

Reflexión

La paloma no dudó en ayudar a quien lo necesitaba, y la hormiga, a pesar de ser pequeña, devolvió el favor con valentía. Así vemos que en el Reino de Dios nadie es demasiado pequeño o insignificante para servir al prójimo. Jesús nos invita a tener los ojos abiertos para ver las necesidades de los demás y  actuar con misericordia.

Oración

Jesús te pido que me des un corazón atento como el de la paloma para ver a quien necesita mi ayuda y tenderle la mano sin dudar. Dame también la valentía de la hormiga, para que nunca me sienta demasiado pequeño para servirte. Enséñame a ser agradecido y a tratar a los demás con el mismo amor que tú me das a mí. A tu amparo...

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Fundación Educativa Escolapias

A tu amparo y protección...

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