Oración de la
mañana
Lunes de buenas noticias - Evangelio del Domingo

LUNES 6
Lectura del Evangelio según San Juan (Jn 20,1-9)
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Reflexión
Si para Juan (el discípulo amado) y Pedro fue difícil creer y eso que vivieron todo de primera mano... es comprensible que para nosotros sea aún más difícil; pero eso es la fe, creer en lo que no se ve ni se entiende. ¡¡¡Anunciemos que Jesús ha resucitado!!!
Oración
"Señor, danos fe para creer en ti y anunciar tu mensaje de humanidad allí donde nos encontremos. Que llevemos la paz que tu nos das y anunciemos que has vencido a la muerte con tu resurrección. Amén."

LUNES 13 DE ABRIL
Lectura del Evangelio según San Juan (Jn 20, 19-31):
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A los que les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
REFLEXIÓN:
En el pasaje del Evangelio de Juan (Jn 20, 19-31), los discípulos tienen miedo y Jesús les regala paz.
Tomás duda, pero Jesús no lo rechaza; lo invita a creer.
A veces nosotros también dudamos, pero creer es confiar en Jesús incluso sin verlo, sabiendo que Él transforma nuestro miedo en alegría.
ORACIÓN FINAL:
Señor Jesús, como en el Evangelio de Juan, entra en mis miedos y dame tu paz.
Ayúdame a creer en Ti, aun cuando dude, y a confiar siempre en tu amor. Amén.

LUNES 20 DE ABRIL
Lectura del evangelio según san Lucas (Lc24, 13-35)
Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
REFLEXIÓN
Del Desencanto al Encuentro
El camino de Emaús representa nuestra propia vida cuando las cosas no salen como esperábamos. Se resume en tres pasos fundamentales:
Dios camina en nuestro caos: Los discípulos estaban decepcionados y "huyendo" de la cruz. Jesús no los espera en el templo, se les une en el camino mientras discuten. Dios se hace presente en tus dudas y en tus días grises, aunque no logres identificarlo de inmediato.
La Palabra que enciende: A veces tenemos la información (ellos sabían que el sepulcro estaba vacío), pero nos falta la fe. Jesús les enseña que el sufrimiento no fue un error, sino parte del plan. Él no nos quita los problemas, nos ayuda a entenderlos desde Su luz para que el corazón vuelva a "arder".
Reconocerlo en lo cotidiano: La ceguera se rompe en lo sencillo: al partir el pan. Es un llamado a buscar a Dios en lo ordinario, en la mesa compartida y en la comunidad.
En resumen: La fe no consiste en no tener crisis, sino en permitir que Jesús camine con nosotros en ellas hasta que nuestra tristeza se convierta en una misión: "¡Ha resucitado!".
ORACIÓN FINAL: A tu amparo y protección…

LUNES 26 DE ABRIL
Lectura del Evangelio según san Juan (Jn10, 1-10):
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el establo de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia».
Reflexión:
Seguro que alguna vez te has sentido bombardeado por voces: el influencer de turno, lo que dicen tus amigos para "encajar", la presión de tus padres o lo que tú mismo te exiges para ser "perfecto". El Evangelio de hoy nos habla de la voz, de "los ladrones" y la puerta.
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La Voz: Jesús dice que sus ovejas conocen su voz. En medio de tanto ruido en redes sociales y tanta gente intentando decirte cómo tienes que ser, vestir o pensar, hay una voz que suena distinto. Es la voz que no te juzga, que te llama por tu nombre (no por tu número de seguidores) y que te conoce de verdad. Aprender a escuchar a Jesús es aprender a distinguir lo que te hace bien de lo que solo es "postureo".
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Los "Ladrones": Son esas voces o hábitos que te quitan la paz, que te hacen sentir que no vales nada o que te empujan a hacer cosas que en el fondo no quieres. Entran "por otro lado", a escondidas, y te roban la alegría.
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La Puerta: Jesús dice: "Yo soy la puerta". Una puerta no es un muro; es lo que te permite entrar a un lugar seguro y salir a explorar el mundo sin miedo. Seguir a Jesús no es vivir encerrado en normas aburridas, es tener una "base segura" para salir a vivir la vida con todo.
La clave: Él no vino a darte una vida "normalita" o llena de reglas. Él dice: "He venido para que tengáis vida en abundancia". Eso significa una vida con propósito, con amigos de verdad y con la libertad de ser tú mismo.
Oración:
Gloria al Padre, Gloria la Hijo y Gloria al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos Amén.