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Lunes de buenas noticias  -  Evangelio del Domingo

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LUNES, 2 DE MARZO DE 2026

 

Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 17, 1-9) Segundo domingo de Cuaresma.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

 

REFLEXIÓN

En el evangelio de hoy, los discípulos ven a Jesús de una forma diferente: lleno de luz. Pero lo más importante no es el brillo, sino la voz que dice: “Escuchadlo”.

Escuchar no es solo oír con los oídos. Es prestar atención, respetar, pensar antes de actuar y dejarse ayudar. A veces vivimos con prisa, con ruido, con el móvil, con mil cosas en la cabeza… y escuchamos poco.

Jesús también les dice: “No tengáis miedo”. Todos tenemos días difíciles, exámenes, problemas o inseguridades. Pero no estamos solos.

Empezar el día escuchando más y teniendo un poco menos de miedo puede hacerlo todo diferente.

ORACIÓN FINAL: A tu amparo y protección…

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LUNES 9 de marzo (Jn 4,5-15). Tercer domingo de Cuaresma.

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.

Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".

"Señor -le dijo ella- no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?".

Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".

"Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".

PALABRA DE DIOS.

 

REFLEXIÓN

Hoy vemos a Jesús hablando con alguien que muchos ignoraban o rechazaban: una mujer samaritana. Él no se fija en su pasado ni en lo que otros piensan, sino que le ofrece lo más importante: agua viva, es decir, vida y esperanza. Nos recuerda que todos tenemos algo que compartir y que escuchar a los demás es tan importante como ayudarlos. 

Nosotros también podemos hacer algo parecido: mirar a los demás con respeto, escuchar y compartir cosas buenas. A veces, con un pequeño gesto, podemos cambiar el día de alguien y, quién sabe, incluso ayudar a otros a “encontrar agua viva”.

 

ORACIÓN FINAL: A tu amparo y protección…

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LUNES 16 de marzo (Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38). Cuarto domingo de Cuaresma.

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:

«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:

«El mismo».

Otros decían:

«No es él, pero se le parece».

El respondía:

«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:

«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:

«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:

«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:

«Que es un profeta».

Le replicaron:

«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:

«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:

«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:

«Creo, Señor».

Y se postró ante él.

PALABRA DE DIOS.

 

REFLEXIÓN

Hoy Jesús abre los ojos de un hombre que nunca había visto. Pero más que la vista física, le da la oportunidad de creer y confiar en él.

A veces estamos “ciegos” sin darnos cuenta: juzgamos a los demás, tenemos miedo o no vemos lo bueno que nos rodea. Jesús nos invita a mirar con el corazón, a confiar y a aprender de los demás.

Si empezamos el día intentando “ver mejor”, escuchando y siendo amables, podemos cambiar mucho nuestro entorno y nuestra clase.

ORACIÓN FINAL: A tu amparo y protección…

23 de marzo Lunes  .jpg

LUNES 23 de marzo (Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45). Quinto domingo de Cuaresma. 

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:

«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:

«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos:

«Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:

«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:

«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:

«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:

«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:

«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:

«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:

«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó:

«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:

«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

PALABRA DE DIOS.

 

REFLEXIÓN
A veces sentimos que los problemas son demasiado grandes, que las cosas no tienen solución o que todo está perdido. Pero Jesús nos recuerda que, con fe, siempre hay esperanza y oportunidades para empezar de nuevo.

Podemos aprender de esto en nuestro día a día: confiar, ayudar a los demás y no rendirnos, incluso cuando algo parece muy difícil.

 

ORACIÓN FINAL: A tu amparo y protección…

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LUNES  30 de marzo (Mt 21, 1-11). Domingo de Ramos.

Cuando se acercaban a Jerusalén, y llegaron a Betfagué, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, y les dijo: «Vayan a la aldea que tienen ante ustedes. Allí encontrarán una burra atada, junto con un burrito; desátenla y tráiganmelos. Si alguien les dice algo, respóndanle: “El Señor los necesita. Luego los devolverá.”» Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: «Digan a la hija de Sión: Tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una burra, sobre un burrito, hijo de animal de carga.» Los discípulos fueron, e hicieron tal y como Jesús les mandó: trajeron la burra y el burrito, pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían en el camino. Tanto los que iban delante como los que iban detrás lo aclamaban y decían: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» Cuando Jesús entró en Jerusalén, todos en la ciudad se conmocionaron, y decían: «¿Quién es este?» La multitud decía: «Este es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea.»

PALABRA DE DIOS

 

REFLEXIÓN

Hoy vemos a Jesús entrando en Jerusalén, no como un rey que impone su poder, sino montado en un burro, con humildad. La gente lo aclama y le da la bienvenida.

Nos recuerda que la grandeza no siempre está en mandar o ser el primero, sino en servir, ser humildes y vivir con respeto y bondad hacia los demás.

Podemos empezar el día preguntándonos: ¿cómo puedo actuar hoy con humildad y generosidad con mis compañeros y con los que me rodean?

 

ORACIÓN FINAL: A tu amparo y protección…

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Fundación Educativa Escolapias

A tu amparo y protección...

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