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Miércoles de fábula

Miércoles 8 de marzo

La Fábula del Carbón y el Diamante

En lo profundo de una montaña, un trozo de carbón se quejaba de su suerte. "Soy negro, mancho a quien me toca y vivo en la oscuridad", decía. A su lado, un diamante brillaba con una luz cegadora.

El carbón, envidioso, le preguntó: "Hermano, ¿por qué tú eres tan brillante y yo tan opaco, si ambos estamos hechos de lo mismo?".

El diamante le respondió con calma: "Es cierto, ambos somos carbono. Pero yo acepté la presión extrema y el calor insoportable sin rendirme. No soy diferente a ti por nacimiento, sino por lo que resistí bajo la superficie".

De repente, una luz se filtró por una grieta de la mina. El diamante reflejó mil colores, pero el carbón se dio cuenta de algo: él era el único capaz de encender un fuego para dar calor a otros.

 

REFLEXIÓN/MORALEJA:

El carbón empezó quejándose y comparándose. En tu vida, cuando ves a alguien que "brilla" más que tú (en deportes, notas o popularidad), ¿Esa envidia te paraliza o te hace preguntarte qué ha tenido que aguantar esa persona para llegar ahí?

 

El diamante dice que aceptó "presión extrema y calor insoportable". ¿Hay algo en tu vida que hoy te hace sufrir o te presiona, pero que en el fondo sabes que te está haciendo más fuerte o más valioso? ¿O crees que hay presiones que simplemente son destructivas?

 

El diamante es increíblemente valioso, pero no sirve para calentar a nadie en una noche de frío. El carbón es "sucio", pero es energía pura. ¿Prefieres ser alguien admirado por su imagen (el diamante) o alguien necesario por lo que aporta a los demás (el carbón)?

 

ORACIÓN FINAL

Hoy no voy a perder el tiempo comparando mi vida con la de los demás. Si siento presión, no voy a quejarme; voy a usarla para endurecer mi carácter. Si me siento invisible como el carbón, recordaré que tengo el poder de encender el fuego y ayudar a otros, así como hizo Jesús. Amén.

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Miércoles 15 de abril

El Trompetero y la Guillotina

Hace muchos siglos, en una terrible batalla, un joven trompetero animaba a los soldados en la pelea con los sonidos de su trompeta.

Cuando terminó la batalla y su ejército perdió, fue tomado como prisionero. Defendiéndose para no ir a la guillotina, decía:

—Por favor, no me maten. Miren que solo soy un trompetero, mi trabajo consiste en tocar la trompeta.

—Esta misma circunstancia agrava tu delito —le contestaron sus enemigos—. Pues si bien tú no combatías, animabas el ardor de los demás con tus tocatas. ¡¡A la guillotina!!

 

REFLEXIÓN/MORALEJA:

Más dignos son de castigo los que incitan a los otros para que cometan algún delito, que los mismos que lo cometen.

 

ORACIÓN FINAL

Oh Señor, que no sea yo trompeta que anima al mal con sonidos alegres, sino voz que apaga el furor.

Porque quien enciende la mecha responde por el fuego, y quien arenga la espada, por la herida.

Guarda mi lengua de incitar a la violencia cuando creo que solo hago ruido.

Que mis sones no llamen al odio, sino a la concordia.

Haz de mi trompeta un instrumento de paz, no de perdición. Amén.

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Miércoles 22 de abril - Día de la Tierra

 

El Colibrí y el Incendio forestal

Había una vez un bosque inmenso atrapado en un incendio terrible. Los animales, aterrorizados, huían de las llamas. El león, el elefante y el oso corrían buscando refugio, viendo cómo su hogar era destruido.

De repente, el león vio a un pequeño colibrí que volaba en dirección contraria, hacia el fuego. Lo observó un momento y se dio cuenta de que el pajarito iba hasta el río, recogía una gota de agua con su pico y la soltaba sobre las llamas. Luego volvía rápidamente por otra.

El león, casi burlándose, le gritó: —“¿Pero qué haces, pequeño ingenuo? ¿Crees que vas a apagar este gran incendio tú solo con ese pico tan chico?”

El colibrí se detuvo un segundo, lo miró a los ojos y respondió: —“Yo sé que solo no puedo. Pero yo estoy haciendo mi parte”.

 

REFLEXIÓN:

Ante los problemas globales (como el cambio climático o la contaminación), a menudo nos sentimos pequeños e impotentes. La tentación es cruzarse de brazos como el león, pensando que nuestro esfuerzo no cuenta. Sin embargo, la naturaleza no se salva con un solo "milagro", sino con la suma de las pequeñas gotas de responsabilidad de cada uno.

¿Cuántas veces dejamos de reciclar o de cuidar el agua porque pensamos que "da igual"?

Cuidar la Tierra no es solo una tarea de los gobiernos; es una respuesta personal a la vida que se nos ha regalado.

Nuestra "gota" puede ser el ejemplo que mueva a los demás.

 

ORACIÓN FINAL 

"Señor, creador de la vida, 

te damos gracias por el regalo de la Naturaleza. 

Te pedimos perdón por nuestro descuido 

y nuestra indiferencia.

Guíanos para  que no nos paralice

el tamaño del problema, 

sino que tengamos el valor 

de hacer nuestra parte.

Enséñanos a proteger cada gota de agua, 

cada árbol y cada criatura, 

para que seamos verdaderos custodios 

de tu creación. Amén."

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Miércoles 29 de abril

 

El maestro y la manzana

El Maestro  contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado. 

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te invite a una rica manzana. 

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo.

- Quisiera, para agasajarte, pelarte la manzana yo mismo. ¿Me permites? 

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo. 

- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te la corte en trozos para que te sea más cómodo?

- Me encantaría. Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro. 

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte.

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo.

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo. 

  El maestro hizo una pausa y dijo: 

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada. 

 

REFLEXIÓN/MORALEJA:

Aprender no es recibir todo hecho.
Aprender es pensar, descubrir y sacar nuestras propias conclusiones.

El maestro no explica la parábola porque quiere que sus alumnos reflexionen, hagan preguntas, formen su propia opinión, usen su capacidad crítica.

 

ORACIÓN FINAL

No esperes que otros vivan tu fe por ti.

Dios te dio inteligencia y corazón para buscar la verdad.

La fe crece cuando preguntas, reflexionas y decides creer.

Y lo que descubres en tu interior, se convierte en luz para tu vida.

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Fundación Educativa Escolapias

A tu amparo y protección...

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