Oración de la
mañana
Miércoles de fábula
MIÉRCOLES 7 OCTUBRE
CUENTO: El lápiz y la goma
Había una vez un niño que estaba haciendo los deberes junto a su abuelo. Mientras escribía, se equivocó varias veces y tuvo que borrar. Después de un rato, miró su hoja llena de tachones y dijo:
—¡Qué desastre! No hago nada bien.
Su abuelo cogió el lápiz y le preguntó:
—¿Sabes por qué este lápiz tiene una goma?
—Para borrar los errores —respondió el niño.
—Exactamente. El lápiz está hecho para escribir, pero también tiene una goma porque equivocarse forma parte de aprender. Lo importante no es conseguir que la hoja nunca tenga errores, sino no dejar de escribir por miedo a equivocarnos.
El niño se quedó pensando. Entonces su abuelo añadió:
—Y hay algo más. Cuando borras, el papel no vuelve a ser exactamente como antes. Siempre queda alguna pequeña marca. Pero eso no significa que la hoja ya no sirva. Las marcas también forman parte de nuestra historia.
Reflexión
Nosotros somos un poco como ese lápiz. Cada día escribimos una nueva página de nuestra vida. Algunas cosas nos salen bien y nos hacen sentir orgullosos, pero otras no salen como esperábamos.
Quizá ayer discutimos con un amigo, no estudiamos todo lo que deberíamos, dijimos algo que hizo daño a otra persona o nos rendimos demasiado pronto ante una dificultad. A veces nos quedamos pensando en nuestros errores y llegamos a creer que un error define quiénes somos.
Pero un error no es el final de nuestra historia.
Dios nos ofrece siempre la posibilidad de volver a empezar. Pedir perdón no nos hace débiles; al contrario, demuestra que somos capaces de reconocer que podemos mejorar. Y perdonar a otra persona tampoco significa decir que lo que hizo estuvo bien, sino darle la oportunidad de cambiar.
También podemos pensar en las personas que tenemos cerca. Todos llevan su propia historia, sus preocupaciones y sus dificultades. Por eso, antes de juzgar a alguien por un error, podemos preguntarnos: ¿Cómo me gustaría que me trataran a mí si fuera yo quien se hubiera equivocado?
Hoy, 7 de octubre, podemos proponernos algo sencillo: no tener miedo a equivocarnos y no negar a los demás la oportunidad de volver a intentarlo.

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MIÉRCOLES 14 DE OCTUBRE
LA FÁBULA DE LOS ROBLES
Un roble joven crecía en el bosque presumiendo de su firmeza. «A mí nada me conmueve», decía a los otros árboles mientras erguía sus ramas con orgullo. Muy cerca de él, otro viejo roble extendía sus raíces hondo en la tierra y compartía su sombra con los animales del lugar.
Un día se desató una tormenta muy fuerte. El joven roble confió únicamente en la fuerza exterior de sus ramas y tronó contra el viento resistiéndose a doblarse. Sin embargo, el viejo roble se mantuvo en pie gracias al entramado de sus raíces, entrelazadas bajo tierra con las de otros árboles del bosque para sostenerse mutuamente. Al pasar el vendaval, el roble presumido había perdido gran parte de su fronda, mientras que el otro permanecía firme.
La verdadera fortaleza no consiste en aparentar que somos invencibles o en aislarnos de los demás, sino en tener raíces profundas y saber apoyarnos en la comunidad cuando llegan las dificultades.
REFLEXIÓN/MORALEJA:
Nadie es autosuficiente. Cuando echamos raíces en los valores sólidos y aprendemos a pedir ayuda, podemos superar cualquier tormenta que se presente en nuestro día a día.
PETICIÓN Y ORACIÓN FINAL:
Señor, danos la humildad necesaria para reconocer que necesitamos de los demás. Ayúdanos a cuidar nuestras raíces interiores y a apoyarnos en nuestros amigos, familia y profesores cuando lleguen los momentos complicados. Amén.
Miércoles 21
El halcón y el viento
Un joven halcón llamado Siroco creía que la libertad consistía en volar sin rumbo ni reglas.
Presumiendo de su estilo de vida, se topó con un sabio búho que cuestionó su falta de previsión.
El viejo búho le mostró una cometa que volaba alto gracias al hilo que la sostenía desde el suelo.
Le explicó que si el hilo se cortaba para darle "más libertad", la cometa terminaría estrellándose.
El hilo no era una prisión, sino la responsabilidad que le permitía mantenerse a salvo en el aire.
Siroco comprendió que volar sin control ni cuidado solo lo llevaría a un final destructivo.
Entendió que la verdadera libertad exige equilibrio, sabiduría y hacerse cargo de las consecuencias.
A partir de ese día, el halcón continuó explorando los cielos pero con una nueva madurez.
Aprendió que ser libre no significa actuar a ciegas, sino decidir con respeto hacia uno mismo y el entorno.
La moraleja nos enseña que libertad y responsabilidad son inseparables para poder volar alto en la vida. Anótalo en tu corazón, siempre que emprendemos un vuelo necesitamos equilibrar las fuerzas.

28 de octubre
El cuadro más bello
Había en un país un rey amante de la pintura y la naturaleza que quiso poseer el más bello
cuadro que pudiera hacerse de los paisajes de su reino. Para ello convocó a cuantos
pintores habitaban aquellas tierras, y una mañana los guio hasta su paisaje favorito.
- No encontraréis una imagen igual en todo el reino - les dijo-. Quien mejor la refleje en un
gran cuadro tendrá la mayor gloria para un pintor.
Los artistas, acostumbrados a dibujar los más bellos parajes, no encontraron el lugar tan
magnífico como el mismo rey pensaba y, viendo que su fama y su gloria no aumentarían, se
propusieron resolver el encargo rápidamente. Todos tuvieron sus cuadros listos a media
mañana, excepto uno, que a pesar de pensar lo mismo que sus compañeros sobre el
paisaje, quiso pintarlo lo mejor posible. Puso tanto esmero en su trabajo, que al caer la
tarde, cuando llevaba ya algunas horas pintando en solitario, apenas había completado un
pedacito del lienzo.
Pero entonces ocurrió algo maravilloso. Al ponerse el sol, las montañas crearon un increíble
juego de luces con sus últimos rayos y, ayudadas por los reflejos del agua en un río
cercano, un extraño viento que retorcía las nubes y los variados colores de miles de flores,
dieron a aquel paisaje un toque de ensueño insuperable. Así pudo entonces el pintor
entender la predilección del rey por aquel lugar, y pintarlo con su esmero habitual, para
crear el más bello cuadro del reino.
Y aquel laborioso pintor, que no era más hábil ni tenía más talento que otros, superó a todos
en fama gracias al cuidado y esmero que ponía en todo cuanto hacía.
REFLEXIÓN
Cuanta más dedicación pongamos en aquello que hacemos, más valor le dará a nuestra
tarea. Y conseguiremos cosas inesperadas e inimaginables.
La constancia y la entrega siempre tienen recompensa, aunque a veces no lo parezca.
En esta mañana, vamos a pedir a Jesús que nos haga personas capaces de poner en lo
que hacemos dedicación y corazón, de modo que consigamos crear con nuestro esfuerzo el
cuadro más bello del mundo.
