Oración de la
mañana
Lunes de buenas noticias - Evangelio del Domingo

LUNES 6 DE ABRIL
Lectura del Evangelio según San Juan 20, 1 - 9
Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad, y nos invita a buscar los bienes de allá arriba, donde está Cristo. Y nosotros respondemos que este día lo hizo el Señor para nuestra alegría y nuestro gozo. Los evangelios que leemos, el del día y el opcional de la misa vespertina, narran los dos momentos sucesivos de la resurrección: el sepulcro vacío con los lienzos, y los encuentros con el resucitado. El discípulo, alentado por las mujeres, vio el sepulcro vacío y los lienzos en el suelo, y eso le bastó para empezar a creer en la resurrección tal como Jesús lo había anunciado. Que te busquemos, Señor, como María, Juan y Pedro, y que tú nos encuentres.
REFLEXIÓN
“Un día, muy temprano, María fue al lugar donde habían puesto a Jesús. Y vio que la piedra ya no estaba. Jesús ya no estaba allí… ¡Había resucitado! Jesús vive y está con nosotros.”
Encendemos una vela y decimos:
“Jesús, gracias por este nuevo día.”
Realizamos estas preguntas para ayudarles a reflexionar.
¿Qué cosas nos hacen estar contentos?
Jesús está vivo, ¿cómo podemos dar alegría hoy?
ORACIÓN FINAL:
“Jesús, gracias porque estás vivo y nos cuidas siempre”

LUNES 13 DE ABRIL
Lectura del Evangelio según San Juan 20, 19-31.
“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.”
REFLEXIÓN:
Los amigos de Jesús estaban reunidos y tenían miedo. De pronto, Jesús apareció y les dijo: “La paz esté con vosotros”.
Tomás no estaba y dijo que quería ver para creer. Cuando vio a Jesús, se puso muy contento y creyó.
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¿Alguna vez hemos dudado?
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¿Cómo nos sentimos cuando alguien nos da paz?
ORACIÓN FINAL:
“Jesús, danos tu paz y ayúdanos a confiar.”
A tu amparo y protección

LUNES 20 ABRIL 2026
Lectura del Evangelio según Lc 24, 13-35
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron». Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
REFLEXIÓN
¿Qué le dirías hoy a Jesús si estuviera a tu lado?
Jesús siempre nos acompaña en nuestro corazón.
ORACIÓN FINAL:
Jesús, gracias por caminar a mi lado aunque no te vea. Quédate siempre en mi corazón.

LUNES 27 DE ABRIL DE 2026
Lectura del Evangelio según San Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
REFLEXIÓN
Jesús nos enseña que si usamos nuestras manos para dar abrazos, ayudar a los amigos y perdonar, nuestro corazón se pone muy contento.
Si tú tratas con mucho cariño a los demás, Dios hará que recibas muchísimo cariño de vuelta, ¡como un abrazo gigante que nunca se acaba!
ORACIÓN FINAL:
Señor, ayúdanos a querer a todos con un corazón grande y generoso.