Miércoles de fábula

‘La mariposa y el águila’

 Volaba un águila sobre un campo lleno de flores, y al ver a una pequeña mariposa, llegó hasta ella y le dijo de forma altiva:

– Dime, mariposa, ¿de qué te sirven tus hermosas alas si apenas puedes remontar el vuelo y ascender más allá de estas flores? Yo en cambio, tengo estas fuertes alas con las que casi puedo rozar el cielo, y llegar hasta las cumbres más alejadas de la Tierra. ¿No te admira mi belleza? ¿No te apena tu pequeñez?

– Ay-dijo la mariposa- Nací diminuta, sí, pequeña y humilde, pero gracias a estas bellas alas y a mi esfuerzo, puedo contemplar desde bien cerca la belleza de las flores, y nutrirme del rocío que la mañana deposita en ellas cada día para mí. Y tú, sin embargo, que sobrevuelas las zonas más altas, ¿por qué tienes que bajar hasta la Tierra para alimentarte de las sabandijas que se esconden en la oscuridad?

– Veo que no entiendes…- dijo el águila.

– Lo suficiente, águila altiva- respondió la mariposa- Lo suficiente para preguntar: ¿quién es más noble: la que se alimenta de brillante y delicioso néctar o la que debe olvidar su grandeza y descender de las alturas para alimentarse, manchando así su esplendor?

 

MORALEJA: ‘QUIENES ALARDEAN DE PERTENECER A UNA ALTA JERARQUÍA , NO SABEN QUE LA ENSUCIAN CON SU COMPORTAMIENTO’

 

Reflexiones sobre la fábula ‘El águila y la mariposa’

– El que intenta humillar, se desacredita: Una de las acciones más lamentables, que denotan baja autoestima y soberbia y vanidad, es la de intentar humillar a otro, como intenta hacer aquí el águila con la mariposa. Sin embargo, la humildad e inteligencia de la mariposa hacen que el águila salga derrotada y con la cabeza agachada.

– El valor del esfuerzo también aporta nobleza: La mariposa le explica al águila que ella es pequeña, pero con su esfuerzo consigue una mayor grandeza que él. Y es que el esfuerzo, además de ayudarnos a conseguir nuestros objetivos, también nos aporta nobleza.

El caballo y el asno. 

 

Un caballo y un asno vivían en una granja y compartían, durante años, el mismo establo, comida y trabajo que consistía en llevar fardos de heno al mercado de la ciudad. Todos los días practicaban la misma rutina y seguían por una carretera de tierra llevados por su dueño hasta la ciudad.

Un día, sin darse cuenta, el dueño puso más carga a la espalda del asno que a la espalda del caballo. En las primeras horas nadie se dio cuenta del error del dueño, pero con el pasar del tiempo, el asno empezó a sentirse muy cansado y agotado. El asno empezó a sudar, a sentirse mareado, y sus patas empezaban a temblar.

Cuando el asno ya no podía más, se paró y pidió a su amigo caballo:

- Amigo, creo que nuestro dueño se equivocó y puso más carga a mi espalda que en la tuya. Estoy agotado y ya no puedo seguir, ¿será que podrías ayudarme a llevar algo de mi carga?

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada al asno. Le miró y siguió por la carretera como si nada hubiera pasado.

Minutos más tarde, el asno, con cara de pánico y visiblemente decaído, se desplomó al suelo, víctima de una tremenda fatiga, y acabó muriéndose allí mismo.

El dueño, apenado y disgustado por lo que había pasado con su asno, tomó una decisión. Echó toda la carga que llevaba el asno encima del caballo. Y el caballo, profundamente arrepentido y suspirando, dijo:

- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo!

MORALEJA: Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo que honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese momento, en realidad te estás perjudicando a ti mismo. 

LA AYUDA DE LOS DEMÁS

A veces, cuando nos ponemos enfermos y estamos solos, solemos agradecer la compañía de otros para llevar con mayor facilidad nuestra recuperación. Esto era lo que pensaba un día de verano una gallina en su casa, atacada por una tremenda gripe, al tiempo que se lamentaba por no tener a nadie de confianza a su alrededor.

Un día, mientras la pobre gallina se recuperaba sola de su molesto resfriado, su vecino, un gato muy egoísta y con ideas escasamente buenas, decidió visitar a la gallina para ver cómo se encontraba o si podía ayudarla en algo para que se recuperará más pronto y con más tranquilidad. Lamentablemente, esta tan solo era la excusa que el gato había perpetrado para presentarse ante su vecina, y no la pensaba cumplir.

  • ¡Conseguiré engañar a mi vecina, y esta, con el juicio nublado a causa de la fiebre, me dejará entrar sin problemas! Cuando esto ocurra, me abalanzaré sobre ella hasta que tan solo queden las plumas – Pensaba el despiadado del gato, que llevaba días sin comer y cada vez se sentía más atrevido.

Al verle, la gallina, que era muy lista, supo muy bien a qué se debía aquella visita y decidió exagerar los síntomas de su gripe para engañar al gato:

  • ¡Qué bien que me visita! ¿Podría usted ayudarme, don gato? Necesito poner agua a calentar para calmar mi garganta. ¿Podría usted hacerlo?- Preguntó la gallina.

El gato, convencido de que había conseguido engañar a la gallinita enferma, decidió poner el agua a calentar. Una vez lista y bien calentita el agua, pidió al gato que le acercase su tacita con una rica infusión. Al acercarse, la gallina batió sus alas sacando fuerzas de flaqueza, hasta verter el agua casi hirviendo de la taza sobre la cola de su vecino. ¡Cómo aullaba de dolor!

Y de esta forma, el gato jamás volvió a molestar a su vecina, ni mucho menos, a provecharse de las debilidades de los demás.

 

REFLEXIÓN 

 

Pensar con el alumnado como podemos ayudarnos unos a otros en la clase y en el recreo