Viernes con Francisco

Agua

El Día Mundial del Agua se celebra el 22 de marzo de cada año y su principal objetivo, es crear conciencia en el hombre de la importancia de cuidar el llamado oro líquido para la vida de los seres humanos y las especies en la Tierra.

Así mismo, dar a conocer la problemática de los millones de personas que no tienen acceso al suministro de agua potable y las medidas urgentes que se deben tomar al respecto para hacer frente a este problema.

En nuestro tiempo, en la era del progreso y de los avances tecnológicos, el acceso al agua potable y segura no está al alcance de todos. El Santo Padre nos recuerda que el agua es “un derecho humano básico, fundamental y universal”; un bien al que todos los seres humanos, sin excepción, tienen derecho a acceder de forma adecuada, de modo que puedan llevar una vida digna.

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Hoy vamos a conocer a JUAN PABLO 1, un papa que estuvo muy pocos dias como jefe de la Iglesia porque murió a los 33 dias de un ataque al corazón, pero que todos le conocemos como EL PAPA DE LA SONRISA.

 JUAN PABLO 1  dejó una huella inolvidable en la Iglesia y en el mundo
La vida de Albino Luciani, así se llamaba, está llena de edificantes anécdotas. La personalidad dulce de este gran hombre que ocupara hace casi 40 años la cátedra de san Pedro, robó enseguida el corazón de la gente, que pronto le adjudicó el nombre del «Papa Sonriente». Sin embargo, pocos conocen lo que realmente fue su vida, que bien podría resumirse en una palabra: humildad. 

Os vamos a relatar alguna de sus anécdotas mas conocidas.


Ronquidos en la noche
Cuando Luciani era seminarista, relata un compañero, «no obstante el frío de las habitaciones, lograba dormirse enseguida y ¡también roncaba! Mientras yo comenzaba a dormir luego de la medianoche. Le pregunté un día: ¿Cómo haces para dormir con este frío? Luciani me ha entendido enseguida y me dio su edredón. ¡Qué gran placer! Finalmente también yo podía dormir bien».

 

¿Aceite o vino?
Cuando ya era obispo le pasó algo semejante. Fue invitado a comer, y por error le sirvieron aceite en lugar de vino. Luciani bebió no mucho (él bebía raramente y muy poco), pero bastante para ahorrarle al párroco, su anfitrión, y a los culpables del accidente la embarazosa situación. No obstante, su vecino de mesa lo notó: «Pero, excelencia, ¡ésto es aceite!»,. «Sí, también a mí me parece aceite», respondió Luciani.

 

Y por último JUAN PABLO 1 era un caminante incansable - Su secretario reconocía que Luciani era un caminante, una auténtico montañés, de paso lento, pero que no se detenía nunca. Y, a veces, cuando el secretario lo acompañaba, éste para tomar aliento intentaba una solución : «Excelencia, mire, ¿cómo se llama aquella montaña de allá ... aquel pueblo en el fondo del valle ...?». Y Luciani comprendía enseguida : «Está bien; sentémonos a descansar».
Una vez se encontró en el camino a una viejita, y la acompañó por un camino escarpado hasta su casa, llevándole su cesta llena de leña.

 

¡Qué bonito es ser recordado por la SONRISA!

Le pedimos hoy a nuestro Padre Dios, que siempre nos ayude a tener la sonrisa preparada, y una actitud de humildad y servicio hacia todos los que nos rodean.

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Mensaje del Papa Francisco: búsqueda de la felicidad.

El inicio de la alegría es comenzar a pensar en los demás

El camino de la felicidad comienza contra corriente: es necesario pasar del egoísmo al pensar en los demás. Estar tristes, decían los padres del desierto, es casi siempre pensar en sí mismos. De esta manera, observa Francisco, “cuando la vida interior se encierra en los propios intereses” y no “hay espacio para los demás” no se goza más de “la dulce alegría” del amor. En efecto, “no se puede ser felices solos”. El Papa invita a redescubrir la generosidad, porque “porque Dios ama al dador alegre” (2Cor 9,7).  Es necesario vencer la tentación de encerrarse a sí mismo, de aislarse, creyéndose autosuficientes, porque todos tenemos necesidad de fraternidad. La vida adquiere sentido “en buscar el bienestar del prójimo” deseando la felicidad de los demás: “Si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, esto es ya suficiente para justificar el don de mi vida”  (Evangelii gaudium, 182).

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“Cada vida humana, es única e irrepetible, es un valor inestimable en sí misma”. Esto - subrayó el Papa Francisco - Esto requiere solidaridad y amor fraternal para la gran familia humana y para cada uno de sus miembros”.

La vida "que estamos llamados a promover y defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño recién concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado o en estado terminal, uno que ha perdido su trabajo o no puede encontrarlo, un emigrante rechazado o en un gueto... La vida se manifiesta concretamente en las personas.

Todo ser humano -añadió- está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida; y al haber sido confiado a la preocupación maternal de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y a la vida humana tiene repercusiones en el corazón de la Iglesia, en sus 'entrañas' maternales”.

Así, la defensa de la vida para la Iglesia, continuó el Papa, "no es una ideología" sino “una realidad, una realidad humana que involucra a todos los cristianos, precisamente porque son cristianos y porque son humanos”. 

Para concluir, Francisco recordó las palabras de San Juan Pablo II: "Repito con renovada convicción el llamamiento que hizo a todos hace veintiséis años: '¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a cada vida, a cada vida humana! ¡Sólo en este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad, paz y felicidad!".