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Miércoles de fábula

Miércoles 4 de febrero

LA LÁMPARA QUE NUNCA SE APAGA

En un pequeño pueblo vivía Josué, un niño al que le encantaba explorar. Su lugar favorito era la antigua iglesia en la colina donde había una lámpara de aceite que siempre estaba encendida, incluso en las noches más oscuras. Un día, Josué le preguntó al pastor: ¿Por qué esta lámpara nunca se apaga? 

Él le respondió: 'Es la lámpara del amor de Dios. Representa cómo su luz siempre está con nosotros'.

Josué se quedó sorprendido y el pastor le dijo: Pero hay un secreto: cada vez que alguien hace algo bueno, la lámpara brilla aún más fuerte'. Curioso, Josué decidió observar si era cierto. Esa misma tarde, ayudó a su vecina a recoger leña para su chimenea. Cuando volvió a la iglesia, notó que la lámpara brillaba con una luz mucho más cálida. '¡Es verdad, es verdad, sí brilla más!' pensó, emocionado.

A partir de ese día, Josué comenzó a hacer pequeñas acciones llenas de amor y bondad. Ayudaba a sus amigos con la tarea o compartía su comida con quien lo necesitaba, por lo que la lámpara parecía brillar más intensamente. 

Un día, una fuerte tormenta azotó el pueblo, dejando a muchas familias sin luz ni calor. Josué corrió a la iglesia pensando que la lámpara también se habría apagado.

Pero, para su sorpresa, brillaba más fuerte que nunca. El pastor le dijo: 'Josué, la luz de la lámpara no solo está aquí; está en cada corazón donde se siembra el amor de Dios. Tú has llevado esa luz a muchos, y por eso no se apaga'. 

Josué supo que la lámpara era un símbolo del amor de Dios que vive en cada acto de bondad. Desde ese día, comprendió que cuando actuamos con fe, somos parte de la luz divina.

Reflexión 

En la Biblia, Jesús dijo una vez: "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12). Él es como esa lámpara que nunca se apaga, incluso en las tormentas más fuertes de la vida. Él es la fuente de todo el amor y la bondad. Sin embargo, Jesús también nos dio una misión muy especial. Él nos dijo: "Vosotros sois la luz del mundo". Esto significa que, cuando tú ayudas a alguien, cuando perdonas a un amigo o cuando compartes lo que tienes, te conviertes en un pequeño espejo. No es que nosotros tengamos luz propia, sino que reflejamos la luz de Jesús hacia los demás. Al igual que Josué, tú tienes el poder de hacer que el mundo sea menos oscuro. 

Oración

Jesús, gracias por ser la luz que nunca se apaga y por amarme tanto. Te pido que me ayudes a ser como esa lámpara de la Iglesia. Que mis acciones muestren a los demás lo bueno que eres tú. Quiero brillar contigo. A tu amparo…

Miércoles 11 de febrero

Fábula la hormiga y la paloma

Una hormiga caminaba bajo el sol con un pedacito de hoja sobre su espalda cuando empezó a sentir mucha sed. Entonces, fue hasta la orilla de un río, dejó la carga a un costado y se dispuso a beber. Pero, apenas dio el primer sorbo, cayó al agua y fue arrastrada por la corriente.

― ¡Socorro, auxilio! ― gritaba, mientras movía las patitas intentando no hundirse. 

Una paloma que pasaba por allí vio lo que ocurría y sin perder un segundo, cortó una ramita de un árbol, calculó la distancia y se la arrojó a la hormiga. 

― ¡Rápido, súbete! ― exclamó. 

De inmediato, la hormiga trepó a la rama y poco después saltó a tierra. 

― ¡Muchas gracias! ― le dijo a la paloma.

 ― De nada. Para eso estamos― contestó el ave. 

Y se fue dando saltitos en busca de alguna miguita, un trozo de fruta, unas semillas…

Entonces, el caño de una escopeta asomó entre los árboles. El cazador apuntó hacia la paloma, que picoteaba algo en el pasto. Pero justo cuando iba a disparar, sintió un pinchazo en el talón. ¡¡¡AYY!!!, gritó el cazador. ¡PUMM!, sonó la escopeta. El pinchazo había hecho que el hombre desviara el arma y la bala fue a dar contra una piedra. 

― Pero, ¿qué…? ― protestaba el hombre, rascándose el talón y se alejó de allí, refunfuñando. 

La paloma, que se había pegado un buen susto al escuchar el disparo, se acercó hasta donde estaba la hormiga. 

― Fuiste tú, ¿no?... ¡Muchas gracias! ― dijo la paloma.

― ¡De nada, para eso estamos! ― respondió la hormiga, guiñandole un ojo.

Reflexión

La paloma no dudó en ayudar a quien lo necesitaba, y la hormiga, a pesar de ser pequeña, devolvió el favor con valentía. Así vemos que en el Reino de Dios nadie es demasiado pequeño o insignificante para servir al prójimo. Jesús nos invita a tener los ojos abiertos para ver las necesidades de los demás y a actuar con misericordia.

Oración

Jesús te pido que me des un corazón atento como el de la paloma para ver a quien necesita mi ayuda y tenderle la mano sin dudar. Dame también la valentía de la hormiga, para que nunca me sienta demasiado pequeño para servirte. Enséñame a ser agradecido y a tratar a los demás con el mismo amor que tú me das a mí. A tu amparo...

Miércoles 18 de febrero

La fábula del pan compartido

Había una vez un pequeño pueblo donde vivían muchos niños. Un día, mientras jugaban cerca del camino, apareció Jesús caminando tranquilamente. Los niños se acercaron curiosos, y Él les sonrió con ternura.

Uno de los niños tenía un pan grande y delicioso, pero lo escondía porque no quería compartirlo. Cerca de él, otro niño tenía hambre y miraba el pan con tristeza.

Jesús se sentó junto a ellos y les contó una historia sobre un campo lleno de flores. Dijo que las flores más bellas eran las que crecían juntas y se ayudaban unas a otras a recibir el sol y el agua.

Al escuchar esto, el niño del pan entendió el mensaje. Sacó su pan, lo partió en pedazos y lo compartió con los demás. Entonces ocurrió algo hermoso: todos se sintieron felices, y el pan pareció alcanzar para todos.

Jesús se levantó, los miró con amor y dijo:
—Cuando compartimos con el corazón, nunca falta nada.

Y así, los niños aprendieron una gran lección que nunca olvidaron.

Reflexión

Esta fábula nos enseña que Jesús nos invita a compartir y a pensar en los demás. Cuando ayudamos, compartimos o mostramos amor, hacemos el mundo un lugar mejor. No importa si lo que damos es pequeño: un gesto amable puede alimentar el corazón de alguien más.

Oración

Jesús bueno,
gracias por todo lo que nos das cada día.

Enséñanos a compartir
nuestro pan, nuestro tiempo
y nuestro corazón con los demás.

Ayúdanos a ser generosos,
a pensar en quienes necesitan ayuda
y a dar con alegría, como Tú nos enseñas.

Que nuestras manos lleven amor
y que nuestro compartir haga felices
a quienes nos rodean.

Amén.

Miércoles 25 de febrero

La fábula de la luz del corazón

Una mañana, varios niños estaban reunidos en la plaza del pueblo. Jesús llegó y se sentó con ellos bajo un árbol grande. Cada niño llevaba una pequeña lámpara apagada.

Jesús les dijo:
—Estas lámparas representan su corazón.

Los niños intentaron encenderlas, pero algunas no prendían. Un niño se burló de otro porque su lámpara no funcionaba, y en ese momento, su propia luz se apagó.

Jesús entonces explicó:
—Cuando somos buenos, respetamos y ayudamos, nuestro corazón se llena de luz. Pero cuando lastimamos a otros, la luz se apaga.

Los niños se miraron y comenzaron a ayudarse entre sí. Compartieron sonrisas, palabras amables y perdón. Poco a poco, todas las lámparas se encendieron y la plaza se llenó de luz.

Jesús sonrió y dijo:
—Dejen que su luz brille siempre para hacer el bien.

Reflexión

Esta fábula nos enseña que la bondad, el respeto y el perdón hacen brillar nuestro corazón. Jesús nos invita a tratar bien a los demás, porque cada buena acción enciende una luz que ilumina el mundo.

Oración

Jesús,
gracias por la luz que pones en nuestro corazón.

Ayúdanos a ser buenos y respetuosos,
a no burlarnos y a saber perdonar.

Que nuestras palabras y acciones
lleven alegría y luz a los demás.

Haznos niños que brillen
con amor y bondad cada día.

Amén.

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Fundación Educativa Escolapias

A tu amparo y protección...

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