Viernes con Francisco

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El ayuno, la oración y la limosna, tal como nos las enseña Jesús (cf. Mt 6,1-18), son el camino para ser mas amigos de Él. La vía de no quererlo todo ya y ahora mismo (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia las personas que nos necesitan (la limosna) y el diálogo con nuestro Padre del cielo (la oración) nos hace ser amigos de Jesús.

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La Palabra de Dios es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón.

La Cuaresma es un tiempo para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su casa” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa quitarnos todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón.

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La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10).

Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará esperanza en Pascua. 

Jesús nos habla del futuro de amor que el Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor.

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Vivir una Cuaresma de caridad  (amor) quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he liberado» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.