Comenzamos un año más el tiempo de Adviento, es el camino hacia la Navidad y un buen momento para hacer espacio a la esperanza en nuestro interior.

A pesar de la incertidumbre de este momento complejo de pandemia que estamos viviendo, es tiempo propicio para renovar nuestras esperas y sobre todo para que nos encontremos con el Esperado y dejar que habite nuestro corazón.

Nuestra relación con Dios obedece al dinamismo de la espera, es una condición de posibilidad, de apertura que permite que haga morada en nosotros.

Durante estas cuatro semanas vamos a seguir el rastro de la estrella que desde oriente llevó a los magos a adorar al pequeño niño y les llenó de una inmensa alegría. Cada semana ofrecemos una meditación en torno a la imagen de este peregrinar rumbo al portal y trataremos de hacer experiencia interior que nos ayude a prepararnos y mantenernos en vela.