Lunes de buenas noticias  -  Evangelio del Domingo

EVANGELIO: LC 3,10-18

 

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: "¿Entonces, qué hacemos?" 

Él contestó: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo." Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: "Maestro, ¿qué hacemos nosotros?" Él les contestó: "No exijáis más de lo establecido." Unos militares le preguntaron: "¿Qué hacemos nosotros?" Él les contestó: "No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga." El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano la pala para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga." Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

 

Reflexión: 

 

Juan el Bautista vivió una vida de compromiso apasionado. Su pasión por la justicia y la honestidad habló a los corazones de las multitudes, a los recolectores de impuestos y a los soldados. Su propia austeridad tuvo el círculo de la autenticidad. Evocaba un cuestionamiento para ellos: qué podríamos hacer? Él respondía con franqueza y claridad. No hagas trampa, comparte tus ganancias. No explotes a la gente.

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EVANGELIO: Lc 1, 39-45

 

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."

Lucas 1:39-45

 

Reflexión: Cuando María encontró a Isabel, llevaba a Dios en su interior. Este es el misterio escondido en cualquier encuentro humano. Traemos a Dios a los otros y encontramos a Dios en los otros.