Oración de la
mañana
Miércoles de fábula
MIÉRCOLES. 7 de OCTUBRE
MIÉRCOLES 7 OCTUBRE
CUENTO: La estrella que quería brillar
Había una vez una pequeña estrella que vivía en el cielo. Cada noche veía cómo las estrellas grandes brillaban con mucha fuerza y pensaba:
—Yo soy demasiado pequeña. Mi luz no sirve para nada.
Una noche, una nube muy grande cubrió el cielo y todo quedó oscuro. Un pequeño niño que estaba en su habitación miró por la ventana y se sintió un poco triste.
Entonces, la pequeña estrella decidió intentarlo. Aunque su luz era pequeñita, comenzó a brillar con todas sus fuerzas.
Su luz atravesó un pequeño espacio entre las nubes y llegó hasta la ventana del niño.
El niño sonrió y dijo:
—¡Mira! ¡Todavía hay una estrella!
La pequeña estrella comprendió algo importante: no hacía falta ser la más grande para poder iluminar a alguien.
Reflexión
A veces nosotros también pensamos que somos demasiado pequeños para hacer cosas importantes. Quizá creemos que no podemos ayudar porque somos niños, o pensamos que nuestros pequeños gestos no tienen importancia.
Pero una sonrisa, compartir algo, ayudar a un compañero, dar las gracias, escuchar a alguien que está triste o pedir perdón puede cambiarle el día a otra persona.
No tenemos que hacer cosas enormes para hacer el bien. Cada uno puede aportar su pequeña luz.
Hoy podemos pensar: ¿A quién puedo ayudar hoy?, ¿A quién puedo regalar una sonrisa?, ¿Qué puedo hacer para que alguien se sienta querido?
Oración
Jesús, gracias por este nuevo día.
Gracias por mi familia, mis amigos, mis profesores
y por todas las personas que me ayudan cada día.
Ayúdame a no pensar que soy demasiado pequeño
para hacer cosas buenas.
Enséñame a compartir, ayudar, escuchar
y tratar a los demás con cariño.
Que hoy pueda ser como una pequeña estrella
que lleva un poquito de luz y alegría
a las personas que están a mi alrededor.
Amén.
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MIÉCOLES 14 OCTUBRE
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cuentan que en la antigua Grecia Sócrates tenía una gran reputación de sabiduría. Un día vino alguien a encontrarse con el gran filósofo, y le dijo:
– ¿Sabes lo que acabo de oír sobre tu amigo?
– Un momento, –respondió Sócrates– antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los tres filtros.
– ¿Los tres filtros?
– Sí, -continuó Sócrates– antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir.
Lo llamo el test de los tres filtros.
El primer filtro es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir es verdad?
– No, sólo lo escuché.
– Muy bien. Así que no sabes si es verdad.
Continuamos con el segundo filtro, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno?
– ¡Ah, no! Por el contrario.
– Entonces, -cuestionó Sócrates– quieres contarme cosas malas acerca de él y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas.
Tal vez aún puedes pasar la prueba del tercer filtro, el de la utilidad.
¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?
– No, en serio.
– Entonces, -concluyó Sócrates– lo que ibas a contarme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué querías decírmelo?
Bonita historia la que acabamos de escuchar. Cuánto nos gusta ir de aquí para allá contando chismes que no solucionan nada. Ojalá que a partir de ahora callemos más y no seamos de aquellos que van hablando mal de los demás o más de la cuenta. Si no sabes si es cierto, si no es bueno ni útil, ¿para qué contarlo?
Le pedimos hoy a Dios, Padre de todos, que nos ayude a hacer siempre su voluntad: PADRE NUESTRO…

MIERCOLES 21 OCTUBRE
El árbol que decía la verdad
En el centro de un bosque crecía un árbol muy especial. Decían que, cuando alguien le hacía una pregunta, siempre respondía con la verdad.
Un día, unas frutas que los animales habían recogido para compartir desaparecieron. Pronto comenzaron las sospechas.
—Ha sido el zorro —dijo uno.
—Seguro que ha sido el cuervo —añadió otro.
Como nadie sabía qué había ocurrido, decidieron acudir al árbol.
—¿Quién se ha llevado las frutas? —preguntaron.
El árbol permaneció en silencio unos segundos y respondió:
—No lo sé.
Los animales se quedaron sorprendidos.
—¿Cómo puede ser? ¡Tú siempre dices la verdad!
El árbol movió suavemente sus ramas.
—Por eso mismo. No saber algo y reconocerlo también es decir la verdad.
Moraleja: La verdad puede ser sencilla, incluso cuando la respuesta es «no lo sé». Y quien habla siempre con sinceridad acaba ganándose algo que vale mucho: la confianza de los demás.

MIERCOLES 28
El faro y la pequeña luz
Había una vez, en la orilla de un mar tranquilo, un pequeño faro de piedra gris llamado Lolo. Lolo no era alto ni brillante como los grandes faros de la ciudad. Su luz era suave, de un tono amarillo cálido, y a veces parpadeaba cuando soplaba el viento fuerte.
Todas las noches, Lolo miraba a las estrellas y suspiraba:
—¡Cómo me gustaría ser una estrella fugaz y cruzar el cielo a toda velocidad! O ser un reflector gigante que alumbre todo el océano de un solo golpe. Yo soy pequeño y aburrido.
Un viejo pelícano que descansaba en la roca vecina le dijo:
—Lolo, te pasas las horas deseando ser otra cosa. Si dejas de cuidar tu propia linterna, el agua estará oscura para los barcos que buscan la costa.
Lolo se quedó pensando. Al día siguiente, en lugar de mirar al cielo con tristeza, decidió limpiar su pequeño cristal. Le sacó el polvo, ajustó la mecha y cuidó su llama con paciencia y cariño. Sintió un calor bonito dentro de su cuerpo de piedra: se dio cuenta de que su luz, aunque suave, era única y muy útil.
Esa misma noche, una pequeña barca de pescadores se acercó a la costa entre la niebla espesa. No veían las grandes estrellas ni los reflectores lejanos, pero sí distinguieron el parpadeo cálido y constante de Lolo. La barca navegó segura y llegó a la orilla sin ningún rasguño.
Los pescadores bajaron y abrazaron la base del faro.
—¡Gracias, pequeño faro! Tu luz nos guió a casa —dijeron con alegría.
Lolo sonrió por dentro. Comprendió que al cuidar de sí mismo y aceptar cómo era su propia luz, había podido regalar un amor inmenso y necesario a los demás.
Moraleja
Para querer de verdad a los demás y ayudarlos con el corazón, primero debes aceptar, cuidar y valorar tu propia luz.
A TU AMPARO Y PROTECCION….
